Vivimos conectados 24/7 y las redes sociales influyen directamente en cómo
pensamos, sentimos y
actuamos. Los algoritmos amplifican emociones, conflictos y comparaciones, afectando la atención, el
bienestar emocional y el pensamiento crítico. El problema no es la tecnología, sino el uso que hacemos
de ella y cómo se sincroniza nuestra conducta colectiva en entornos digitales.
El cerebro humano está diseñado para empatizar, cooperar y aprender en comunidad.
Sin embargo, las
plataformas digitales pueden bloquear estos procesos y favorecer polarización, cámaras de eco y
adicción digital. Esta sincronía social mal dirigida deteriora la salud mental y la convivencia.
Comprender estos mecanismos es clave para transformar la influencia digital en una fuerza positiva.
Formamos jóvenes líderes con alto potencial de influencia para generar impacto
social
positivo. A través de neurociencia, psicología social, teoría de redes y comunicación digital
responsable, el proyecto impulsa una red de agentes de cambio capaces de inspirar empatía, pensamiento
crítico y colaboración. No se trata de desconectarse, sino de usar las redes con propósito para
construir bienestar colectivo.